Amb un Café i una Llei
“Todo expediente oculta algo. Incluso lo que nunca existió.”
Capítulo 1- El expediente
El expediente apareció un lunes.
Nadie supo quién lo dejó allí.
A primera hora, cuando Yara llegó a la oficina, ya estaba sobre su mesa. Entre informes pendientes, cafés fríos y notas adhesivas mal pegadas.
Un archivador gris.
Sin nombre del departamento.
Sin número de referencia.
Solo una palabra escrita en la portada:
“Vany”
Yara la miró unos segundos antes de sentarse.
—¿Esto de quién es? —preguntó.
Nadie respondió.
Fil, desde la otra punta de la sala, levantó la vista del ordenador.
—Déjalo.
—¿Perdón?
—Que lo dejes.
Yara soltó una pequeña risa.
—Llevo cinco años aquí. He visto expedientes peores.
—No como ese.
La forma en que lo dijo hizo que el ambiente cambiara un poco.
No fue miedo.
Fue esa incomodidad rara que aparece cuando alguien sabe algo que tú no.
Yara abrió el archivador.
Dentro había muy poco.
Una fotografía.
Una hoja mecanografiada.
Y un sobre cerrado.
Cogió primero la fotografía.
Una mujer sentada sola en una estación de tren.
Miraba directamente a cámara.
Detrás, escrito a mano, había una frase:
“Ella sí lo recuerda.”
Yara frunció el ceño.
—¿Quién es?
Fil tardó demasiado en contestar.
—No lo sé.
Mentía.
Se notaba.
Yara dejó la foto sobre la mesa y abrió la hoja mecanografiada.
Solo había una línea.
El expediente nunca existió.
Nada más.
Ni fecha.
Ni firma.
En ese momento, todas las pantallas de la oficina parpadearon.
Solo un segundo.
El tiempo suficiente para que apareciera un mensaje:
ACCESO NO AUTORIZADO
Y después desapareció.
La oficina quedó en silencio.
Nadie dijo nada.
Nadie parecía sorprendido.
Y eso fue lo que más inquietó a Yara.
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